Encarnación celebra los 100 años de su Carnaval, un acontecimiento que trasciende la fiesta y se instala como un hito cultural, social y económico en la historia de la ciudad.
- 31/01/2026
- Por Edicion Prensa
El surgimiento de las celebraciones carnestolendas en la llamada Perla del Sur está estrechamente ligado al período de esplendor económico que vivió la entonces Villa Encarnación a fines del siglo XIX, impulsado por la llegada de inmigrantes europeos que trajeron consigo tradiciones festivas, música, baile y color.
Los registros históricos señalan que los primeros desfiles de carrozas y festejos de Carnaval se realizaron entre febrero y marzo de 1906, en el marco de la fundación del Centro Social en 1905.
Aquellos corsos florales, que se extendían durante varios días, eran verdaderos despliegues de creatividad: carros adornados, niñas con trajes de fantasía, intercambios de flores, serpentinas, máscaras y sombreros con plumas. Era una celebración marcada por la elegancia y la vida social de la época, donde la juventud encontraba un espacio de recreación sana y encuentro comunitario.
De los corsos florales al corazón popular. Durante las primeras décadas del siglo XX, los carnavales estuvieron marcados por comparsas reducidas, integradas principalmente por jóvenes varones pertenecientes a los clubes y familias tradicionales.
Las actividades se realizaban al atardecer y continuaban en tertulias privadas, en un contexto donde las normas sociales limitaban la vida nocturna. Sin embargo, los conflictos políticos, las guerras civiles y fenómenos naturales como el ciclón de 1926 interrumpieron en varias ocasiones el desarrollo del carnaval, obligándolo a trasladarse a espacios cerrados o a reinventarse en otros barrios.
Tras la Guerra del Chaco, el Carnaval comenzó a resurgir tímidamente y, desde la década del 40, inició un proceso de transformación que sería clave para su consolidación. Las mujeres se incorporaron progresivamente a los desfiles, primero desde las carrozas y luego en la pista, dando origen a las comparsas mixtas. Desde los años 50, la presencia femenina, la danza y la estética se convirtieron en sellos distintivos, elevando la jerarquía artística de la fiesta.
“Lo que comenzó como un desfile de carrozas y flores fue evolucionando de manera natural hacia las comparsas, reflejando los cambios sociales y culturales de la ciudad”, explicó a ÚH, Eduardo Florentín, presidente del Club de Clubes.
“El involucramiento de los clubes, especialmente desde la década del 50’, fue un punto de inflexión fundamental para el crecimiento del Carnaval”, añadió.
contemporáneo. El gran salto se dio en la década del 70, con una organización más estructurada y una apuesta clara por el espectáculo. La creación de la Comisión de Arte y Cultura de la Municipalidad marcó un antes y un después, profesionalizando los corsos y fortaleciendo el protagonismo de las comparsas. La llegada de nuevas influencias regionales, especialmente desde Brasil y Argentina, transformó definitivamente la estética del carnaval.
“Probablemente el quiebre más importante fue la incorporación de tocados, espaldares y un estilo más cercano a Río de Janeiro y Corrientes, a fines de los años 70. Ahí el Carnaval Encarnaceno cobra volumen, colorido y una identidad visual que lo distingue hasta hoy”, señaló Florentín.
Actualmente, una de las características únicas del carnaval encarnaceno es la fuerte interacción entre el público y las figuras, además de las competencias individuales. “Eso no ocurre en ningún otro carnaval del continente. Aquí compiten pasistas, bastoneras, reinas, musas, divas y soberanas, evaluadas por distintos jurados a lo largo del Sambódromo. Es uno de nuestros sellos distintivos y no debería cambiar nunca”, subrayó.
Florentín destacó que llegar a la edición centenaria tiene un profundo valor simbólico. “La edición 100 se celebra una sola vez y nos preparamos para que marque un antes y un después, tanto en organización como en calidad artística. La vara queda muy alta y los carnavales que vengan deberán ser igual o mejores”, afirmó.
Entre las innovaciones, anunció el paso de cuatro a cinco noches de desfile a partir del 2026. “Es un cambio de paradigma que beneficia tanto a los clubes como al público. Más personas podrán disfrutar del carnaval y programar su visita a Encarnación”, explicó.
Hoy, el Carnaval Encarnaceno es también una industria creativa que genera miles de empleos directos e indirectos, moviliza la economía local y posiciona a la ciudad como destino cultural y turístico internacional. A cien años de sus primeros corsos, el Carnaval Encarnaceno sigue renovándose sin perder su esencia: ser una fiesta popular, familiar y profundamente identitaria, que late al ritmo de su gente y proyecta a Encarnación al mundo.
“Pensar en Encarnación sin carnaval es como mutilar su vida social. Forma parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra tradición”, sentenció Florentín.
FUENTE: UH