Especialistas destacan sus beneficios físicos, mentales y emocionales en un contexto de creciente estrés cotidiano


La meditación se ha consolidado en la actualidad como una herramienta fundamental para el cuidado de la salud integral, siendo definida por especialistas como una práctica de entrenamiento mental orientada a cultivar la atención plena, la claridad emocional y el equilibrio interno. A diferencia de la relajación pasiva, esta disciplina propone una observación consciente de los pensamientos, emociones y sensaciones corporales, sin emitir juicios, permitiendo al individuo tomar distancia de las preocupaciones diarias y reducir el ruido mental que suele generar ansiedad y agotamiento.


Diversos estudios científicos respaldan su utilidad, señalando que la práctica regular de la meditación tiene un impacto directo y positivo en el sistema nervioso. Entre los beneficios más destacados se encuentra la disminución de los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, lo que contribuye a una mayor sensación de calma y bienestar general. Asimismo, se registran mejoras significativas en la calidad del sueño, la capacidad de concentración y la memoria, aspectos clave para el rendimiento diario.


En el plano físico, la meditación también ha demostrado ser una aliada preventiva. Investigaciones clínicas indican que favorece el fortalecimiento del sistema inmunológico, ayuda a regular la presión arterial y reduce el riesgo de padecer enfermedades psicosomáticas, aquellas en las que el estrés y las emociones influyen directamente sobre el cuerpo.


Más allá de sus efectos fisiológicos, la meditación cumple un rol central en el desarrollo del autoconocimiento y la resiliencia emocional. Al promover el estado de “mindfulness”