Desde hace siete años, trabajadoras de Puerto Trinidad, Paso Guembe y otras localidades recorren kilómetros para ofrecer directamente sus productos a las familias encarnacenas, convirtiendo el esfuerzo diario en sustento para sus hogares.
- 15/08/2026
- Por Edicion Prensa
Cada sábado, detrás de cada canasto de frutas, verduras y productos frescos existe una historia marcada por el esfuerzo, la perseverancia y el deseo de salir adelante. Un grupo de mujeres emprendedoras de distintas localidades de Itapúa mantiene desde hace siete años la tradición de trasladarse hasta Encarnación para comercializar directamente sus producciones.
Las trabajadoras llegan principalmente desde Puerto Trinidad, Paso Guembe y otras comunidades del departamento, llevando consigo alimentos preparados y cosechados con dedicación. Su presencia se convirtió en una postal habitual de los sábados, acercando productos frescos a las familias de la ciudad.
Con la calidez que las caracteriza, algunas de las emprendedoras se instalan sobre la avenida Irrazábal, frente a la parroquia Inmaculada, mientras otras recorren distintos barrios de Encarnación y visitan casa por casa para ofrecer sus productos.
Entre la variedad disponible se encuentran frutas, verduras, harina de maíz, choclo y otros alimentos frescos, que llegan directamente desde las comunidades productoras hasta los consumidores, generando una alternativa de comercialización que beneficia tanto a las trabajadoras como a las familias que buscan productos de la zona.
A pesar de las condiciones climáticas inestables registradas durante las últimas semanas, las emprendedoras señalaron que las ventas se mantuvieron favorables, permitiéndoles continuar con una actividad que representa mucho más que un ingreso económico.
Para estas mujeres, cada jornada comienza temprano y supone recorrer varios kilómetros, cargar sus productos y enfrentar las dificultades propias del trabajo independiente. Sin embargo, aseguran que el esfuerzo vale la pena porque constituye una herramienta para sostener a sus familias y construir mejores oportunidades.
Son historias silenciosas de mujeres trabajadoras que, sábado tras sábado, llegan a Encarnación con sus productos y demuestran que la perseverancia puede convertirse en una verdadera fuente de esperanza y progreso.