La Fuerza Aérea Paraguaya (FAP) estudia la posibilidad de incorporar aeronaves de combate F-5 Tiger II provenientes de Taiwán, una alternativa que permitiría al país recuperar una capacidad de reacción supersónica después de varias décadas.



La eventual operación aparece en momentos en que Taiwán avanza en la renovación de parte de su flota militar y abre la posibilidad de transferir equipos retirados del servicio. Dentro de ese escenario se encuentran los F-5, además de aeronaves de entrenamiento avanzado AT-3, plataformas que podrían ser consideradas para fortalecer las capacidades operativas paraguayas.

La llegada de los F-5 representaría un cambio importante para la aviación militar nacional. Se trata de cazas capaces de superar la velocidad del sonido y alcanzar aproximadamente Mach 1,6, muy por encima de las prestaciones de los aviones que actualmente integran la flota de combate paraguaya.

Una eventual incorporación también tendría impacto en las capacidades aéreas disponibles en la región. Bolivia cuenta, entre otras aeronaves, con los K-8W Karakorum, mientras Argentina inició un proceso de modernización considerablemente mayor con la incorporación de cazas F-16. Para Paraguay, los F-5 constituirían principalmente la recuperación de una capacidad de interceptación a reacción perdida hace décadas.

El análisis, sin embargo, no pasa solamente por la posibilidad de recibir las aeronaves. Uno de los principales aspectos que deberá determinar la Fuerza Aérea es cuánto costaría mantenerlas operativas durante los próximos años. Los reactores de combate requieren combustible, mantenimiento, repuestos, infraestructura y entrenamiento especializado considerablemente más costosos que los aviones turbohélice actualmente utilizados por el país.

De acuerdo con los datos consignados por Asunción Times, las estimaciones para un F-5 ubican el costo de una hora de vuelo en torno a USD 5.000, aunque la cifra puede variar según las condiciones de operación, mantenimiento y logística. Esto representa varias veces el costo operativo atribuido a los A-29 Super Tucano, cuya hora de vuelo se encuentra alrededor de USD 1.000 a USD 1.200.

Esta diferencia plantea una discusión sobre las prioridades de la defensa aérea paraguaya. Mientras los Super Tucano están concebidos para tareas como vigilancia, patrullaje, entrenamiento y operaciones contra vuelos ilícitos, un reactor supersónico responde a necesidades distintas, especialmente interceptación y defensa del espacio aéreo.

Paraguay ya se encuentra ejecutando un importante proceso de modernización mediante la adquisición de seis A-29 Super Tucano de fabricación brasileña, operación que representa una inversión de USD 101,6 millones. Cuatro de estas aeronaves ya fueron incorporadas a la Fuerza Aérea y las unidades restantes tienen prevista su llegada durante agosto.

La modernización también incluye el entrenamiento del personal. Pilotos y efectivos paraguayos participaron recientemente con los Super Tucano en el ejercicio multinacional Salitre 2026, realizado en Chile, experiencia que permitió a la delegación nacional trabajar junto con otras fuerzas aéreas y familiarizarse con procedimientos internacionales de operación combinada.

La posibilidad de sumar los F-5 abre ahora una nueva etapa de evaluación. Antes de cualquier incorporación deberán analizarse el estado de las aeronaves ofrecidas, su vida útil remanente, disponibilidad de repuestos, modernización de sistemas, capacitación de pilotos y técnicos, infraestructura necesaria y, fundamentalmente, los recursos que demandaría sostener una flota de reactores en condiciones efectivas de operación.

De concretarse, la incorporación significaría mucho más que sumar nuevos aviones al inventario militar. Implicaría reconstruir una capacidad supersónica que Paraguay no posee desde hace décadas y asumir, al mismo tiempo, un compromiso presupuestario y logístico considerablemente superior al requerido por la actual estructura aérea del país.

FUENTE: EL NACIONAL