A sus 11 años, Pedro Daniel Florentín recorre una hora por día para llegar a sus clases en la comunidad Loma Guazú, distrito de Sapucái (Paraguarí). Antes caminaba entre 3 y 4 kilómetros, pero hoy su burrita lo acompaña.


Cuando todavía la oscuridad cubre los caminos rurales de Sapucái, Pedro Daniel Florentín Torres ya está listo para empezar su jornada. Con una linterna en la mano y acompañado por su burrita, Rosita, emprende el recorrido que cada día lo lleva hasta la Escuela San Francisco de Asís, en la compañía Loma Guazú.

El pequeño, que cursa el sexto grado, vive en la compañía Costa Po’i, debe recorrer entre 3 y 4 kilómetros para llegar a clases. Montado en Rosita, su fiel compañera, el trayecto le toma aproximadamente una hora, pero ambos tienen algo en común: esa determinación que no conoce de barreras cuando se trata de llegar a la escuela.

Rosita, la compañera de ruta

Rosita llegó a su vida cuando su abuela, Daniela Díaz, le compró el animal con mucho esfuerzo. En un principio, la burrita era muy pequeña, pero una vez que ganó tamaño y resistencia, el intrépido Pedrito comenzó esta aventura diaria rumbo a su educación.

Antes de tener el burrito, tenía que caminar todos los días por una hora. Para que no se agotara, su mamá, Carolina, y su madrina, Liliana, lo llevaban en moto. “Nos preocupamos por él y no lo mandamos solo porque es chico todavía. Pero él es un niño muy “hechakuaa”, y cuando vio que a su mamá le costaban mucho los traslados, decidió arreglárselas por sí mismo.

“Pedrito es un chico muy especial; es educado, viene de la escuela y hace sus tareas. También cuida mucho a su burrita y tiene buenas notas”, nos contó su madre.

Romina Lezcano, su profesora del sexto grado, lo describió como un alumno perseverante y valiente. “No hay barreras para Pedrito cuando se trata de llegar a la escuela y estudiar”, señaló.

Pedro es el menor de tres hermanos, Evelyn (16) y Juan José (14). Con su constante dedicación, nos muestra otra cara de la educación rural. Una cara quizá sacrificada, pero que también es la prueba de que cada día es una oportunidad para acercarse a sus sueños.

FUENTE: LA TRIBUNA