Una familia denunció haber sufrido una indignante “puñalada por la espalda” por parte de agentes de la Comisaría 12ª. La última conexión de un celular fue en esa sede.


Luego de que un grupo de delincuentes ingresara a su vivienda el pasado sábado 22 de agosto para robar computadoras, joyas y relojes, los oficiales de policía que acudieron para auxiliarlos en su momento de mayor vulnerabilidad terminaron robándose pertenencias que los asaltantes originales no habían tocado, según denunciaron los afectados.

Viviana Díaz Pérez, víctima, tras percatarse del robo llamaron de urgencia al sistema 911. Al lugar acudieron patrulleros y peritos de criminalística, con quienes la familia recorrió la casa para levantar huellas.

En medio del procedimiento, el hijo de 17 años de la pareja comentó con alivio que su celular —de enorme valor sentimental por contener las fotos de su perro fallecido— se había salvado de los delincuentes porque lo dejó escondido en el baño bajo una remera.

Una vez que los policías se retiraron en la madrugada, la familia descubrió que el celular y unos lentes inteligentes de última tecnología (valorados en unos G. 4 millones) habían desaparecido.

La sospecha de la complicidad policial se confirmó de manera insólita. Al reclamar el hecho a la comisaría, un oficial le pidió a la madre el código de desbloqueo del teléfono bajo la excusa de que le facilitaría revisar si “alguno de los muchachos” lo había tomado.

Apenas 40 minutos después de entregarle la clave, el uniformado regresó a la casa con el celular en la mano. No obstante, al encender el aparato, el joven descubrió que los policías habían desinstalado la aplicación “Meta” que permitía rastrear la ubicación satelital de los costosos lentes inteligentes, los cuales nunca fueron devueltos.

Ante la nula respuesta del Ministerio del Interior a un pedido de audiencia solicitado por el padre del menor, la familia decidió hacer pública la identidad de los oficiales Medina y Duarte, exigiendo que se abra un sumario inmediato ante lo que califican como un descarado acto de corrupción en sus propias narices.

FUENTE: MONUMENTAL