Desde las cálidas calles de Encarnación hasta las frescas costas de Mar del Plata, la historia de Antonio Velázquez es una de esas que inspiran y emocionan.


Joven, trabajador y perseverante, Antonio supo ganarse el cariño de la gente vendiendo chipas con carisma, elegancia y una sonrisa que hacía imposible no detenerse a comprarle.

Quienes lo conocieron recorriendo barrios y avenidas de Encarnación recuerdan no solo el aroma inconfundible de sus chipas, sino también su trato amable y su manera orgullosa de representar una tradición tan nuestra. Hoy, ese mismo espíritu lo llevó mucho más lejos: a Mar del Plata, en plena temporada 2026, donde conoció el mar… sin dejar atrás lo que lo identifica.

Allí, entre turistas y locales, Antonio sigue ofreciendo la chipa paraguaya, llevando consigo no solo un producto, sino una parte de nuestra cultura, de nuestras raíces y de nuestra identidad. Cada venta es también una forma de contar quiénes somos y de dónde venimos.

Su historia es la prueba de que los sueños no tienen fronteras cuando se los persigue con trabajo, humildad y pasión.

Desde Paraguay le deseamos el mayor de los éxitos y celebramos que, gracias a jóvenes como él, la gastronomía paraguaya siga conquistando paladares y corazones en tierras lejanas.